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Los dueños del presupuesto y el silencio

Más de 1.000 millones de pesos mensuales en pauta publicitaria. En Argentina se discute si hay campañas para manipular a la opinión pública. En Catamarca, ese debate es una burla. Acá no hace falta que nadie venga de afuera: la mentira es de fabricación local y la financiamos todos nosotros con nuestros impuestos.
Aquí la información no se busca. Se define en asados y cenas privadas donde el Gobernador Raúl Jalil, el Intendente Gustavo Saadi y un puñado muy chiquito de funcionarios y dueños de medios se sientan a la misma mesa. Ahí se decide el menú del día: de qué se habla, qué se tapa y a quién hay que destruir.

El monopolio del silencio
Catamarca cuenta con más de 40 emisoras de radio y más de 20 diarios digitales, pero para el gobierno la pluralidad es una amenaza. Por eso, concentran cifras obscenas en solo tres manos que garantizan la obediencia total. Este es el ranking de la complicidad:

  • Diario El Ancasti (Silvestre Zitelli): encabeza la lista con más de 130 millones de pesos por mes.
  • Radio Valle Viejo (Ricardo Gómez): cerca de 100 millones de pesos por mes.
  • Diario El Esquiú (Mariano Fredes): alrededor de 70 millones por mes.
    Se paga para que nadie pregunte por qué el municipio *no publica un Boletín Oficial desde 2021, por qué el avión sanitario funciona como un Uber para los amigos del poder, o por qué la muerte del ministro Juan Carlos Rojas sigue enterrada en el olvido.

Una oposición de TikTok y un Intendente al acecho
Lo más grave es que esto lo sabe todo el mundo, especialmente la oposición. Pero en lugar de denunciar este malgasto, prefieren perderse en coreografías de TikTok. Callan por miedo a perder sus segundos de aire.
Sin embargo, el silencio más peligroso es el de Gustavo Saadi, que viene con el cuchillo entre los dientes por el sillón de la Gobernación. Saadi está desesperado y ya no lo oculta: está usando la caja del municipio para financiar a militantes enojados con Jalil y mandarlos directamente “al frente” para desgastar la gestión provincial. En los barrios, la denuncia es la misma: la militancia de Saadi reparte droga a cambio de controlar los votos. No es política, es una guerra criminal por el territorio.

Jalil: El administrador de los dividendos
Del otro lado, Raúl Jalil ya no pelea por poder político, pelea por seguir enriqueciéndose. Eso explica por qué su gabinete está lleno de técnicos y contadores en lugar de figuras con representación social; no necesita políticos, necesita una estructura que cuide los balances de sus negocios.
La gente ya lo sabe: el Gobernador aprueba proyectos mineros donde él mismo termina siendo socio o proveedor. Pero el esquema es más profundo: existe un círculo selecto de 10 familias que son los proveedores elegidos por el Estado, encargadas de organizar el “dividendo para la corona”. Mientras tanto, la gestión se agota en anuncios vacíos que nunca se concretan, porque la prioridad no es la gente, es la rentabilidad de la empresa familiar.

La ficción contra la realidad
Mientras los políticos se disputan el botín, la Catamarca real se muere:

  • Educación en ruinas: La calidad es pésima; tenemos chicos que terminan la primaria sin entender lo que leen. Los estamos condenando antes de empezar.
  • Hospitales al límite: El sistema de salud está colapsado. Los médicos hacen milagros en centros que están sin materiales básicos. No hay gasas, solo hay propaganda.
    Están construyendo un relato de cristal mientras vos comés cada vez menos. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo más se sostiene un sistema que compra silencios con 1.000 millones al mes, vacía los hospitales, reparte droga para ganar elecciones y solo gobierna para enriquecer a diez familias?

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