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VERÓNICA SORIA EN EDUCACIÓN: EL AJUSTE MÁS CRUEL DEL GOBIERNO AHORA ENTRA A LAS AULAS

La funcionaria más resistida por docentes y empleados públicos concentrará ahora el manejo de Educación y Trabajo. En las escuelas crecen la violencia, los problemas de aprendizaje y el agotamiento docente. Pero el Gobierno eligió responder con ajuste, control y silencio.

Hay nombramientos que son una señal política.
Y hay otros que directamente son una provocación.

Poner a Verónica Soria al frente del nuevo ministerio fusionado de Educación y Trabajo es algo parecido a nombrar a Hitler presidente de la DAIA. No por una equivalencia histórica literal, sino por el nivel de cinismo y desafío político que representa la decisión.

Porque si existe una funcionaria que logró convertirse en símbolo del destrato estatal hacia los trabajadores públicos, esa es Verónica Soria.

La mujer que durante más de seis años administró salarios destruidos por la inflación, expedientes paralizados, adicionales impagos, guardias médicas sin cobrar y docentes que deben esperar meses para recibir su primer sueldo. La misma gestión que obliga a jubilados a peregrinar eternamente por oficinas del CAPE buscando una firma como si cobrar lo trabajado fuera una concesión del poder y no un derecho básico.

Pero el problema ya no es solamente salarial.
El problema es humano.

Mientras el Gobierno provincial habla de “reorganización”, las escuelas atraviesan una crisis que parece completamente fuera del radar político. Trastornos del espectro autista cada vez más frecuentes. Déficit de atención. Violencia entre alumnos. Crisis emocionales. Docentes agotados psicológicamente. Amenazas de tiroteos en establecimientos educativos. Chicos criados por pantallas, redes sociales y algoritmos que el sistema educativo ni siquiera comprende.

Y frente a semejante transformación social, la respuesta del poder es fusionar ministerios como si el problema educativo fuera una cuestión administrativa.

Como si enseñar fuera solamente pagar sueldos.

Lo más grave es que la designación de Soria no parece casual. Parece ideológica.

Porque Verónica Soria representa probablemente la versión más extrema del ajuste libertario dentro del propio Gobierno provincial. Más mileísta que muchos libertarios. Más obsesionada con bajar costos que con resolver dramas humanos. Más preocupada por quedar bien con el gobernador que por entender lo que vive un docente dentro de un aula.

En los pasillos del Estado muchos aseguran haber escuchado siempre la misma mirada despectiva hacia los docentes: que son “vagos”, que actúan “corporativamente”, que siempre reclaman. Una lógica fría, burocrática y profundamente desconectada de la realidad educativa.

Y quizá ahí esté el verdadero dato político.

El Gobierno no eligió a alguien que conozca pedagogía, innovación educativa o transformación tecnológica. Eligió a alguien que sabe ajustar. Alguien que sabe disciplinar. Alguien que entiende la educación desde la lógica del gasto público.

Por eso los gremios docentes ya casi no representan a los docentes.

Porque después de años de acuerdos controlados, paritarias previsibles y conflictos administrados, gran parte de la docencia siente que los sindicatos terminaron integrándose al mismo sistema que deberían confrontar.

Eso quedó expuesto este año de manera brutal.

Miles y miles de docentes salieron a las calles sin conducción gremial para reclamar aumentos salariales. Una movilización enorme, espontánea y completamente por fuera de las estructuras sindicales tradicionales.

Fue una imagen devastadora para el sindicalismo docente.

Las bases marchando solas mientras los gremios guardaban silencio.

Y ese silencio no parece casual. Parece parte del funcionamiento político que Verónica Soria construyó durante años: domesticar el conflicto, administrar el enojo y garantizar que nada ponga realmente en riesgo el equilibrio interno del poder.

Mientras tanto, las escuelas siguen deteriorándose.

Los docentes se cansan.
Los chicos cambian.
La violencia avanza.
La salud mental explota.

Y el Gobierno responde poniendo al frente de Educación a la funcionaria que mejor representa el ajuste sin empatía.

Tal vez esa sea la definición más exacta de esta etapa política en Catamarca: un poder que ya ni siquiera intenta contener el malestar social.
Ahora simplemente busca administrarlo.

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